Dani La Chepi & Toyo

Dani “La Chepi” y Toyo 

Su “pánico” a los gatos no le impidió darle el gusto a su hija Isabella de tener uno. Y por el mismo motivo, aunque por el momento sostenga lo contrario, en el fondo sabe que próximamente -mudanza de por medio- se viene un nuevo integrante perruno. “Queremos adoptar, no comprar”,cuenta la Host Digital de Bake Off.

Foto Carolina Herrera

 

Por Paula Labonia.

¿Cómo te animaste a tener a Toyo con tu miedo a los gatos?

Y bueno, Isa tenía dos años y yo justo me había quedado sin trabajo. La nena empezó a pedir un gatito y yo, como si no tuviera quilombos, me sumé uno más. Me fui a todas las veterinarias del barrio y no encontré ninguno. Hasta que mi mamá me comentó de una chica rescatista y terminaron viniendo dos gatos.

 

¡De ninguno a dos juntos!

¡Sí! Encima eran “Jekyll and Hyde”. Toyo era Jesucristo y el otro un demonio. Empezaba a correr y golpearse contra la puerta. Se le metía en la cuna a Isa y la arañaba. A las dos semanas de su llegada un amigo me dijo que él lo quería así que se lo llevó. Lo ama a Huevo. Era para él ese gato.

 

-¿Toyo y Huevo?

-Sí. Isa les puso esos nombres porque ella comía todo el tiempo “tollo” (pollo) con huevo. Toyo quedó con Y griega porque Isa lo escribió así por primera vez.

 

-¿Y cómo es Toyo?

-Es como un perro: lo llamás y viene, se le sube a la gente… Isa tiene pasión por él. Llega y se le tira encima. Recién ahora está más gato, hace poco hasta me lastimó la cara. Yo estaba durmiendo y como todos los días me despertó a las 7. Le decía: “Basta Toyo”. Seguía maullando y le grité: “¡Te dije que basta!” y ahí reaccionó. Era como un tigre. No paraba de atacarme. Me puse a llorar porque sentí como que me había traicionado. Le hablaba llorando: “¿Por qué me hiciste esto?”

 

-¿Ahora cómo sigue?

– Y… lo que me pasa es que le tengo miedo. Y él se da cuenta. Por ejemplo, quiero hacer la cama y si está arriba ya no lo alzo y lo saco como antes. Igual sigue al lado mío como siempre. Cuando lavo los platos, me baño, me lavo los dientes… ¡hasta cuando tengo relaciones! Se pone en la puerta de la habitación y me mira fijo: “¡Cómo aprovechan el tiempo cuando no está la nena!” Me ha pasado de estar con mi pareja de cerrar la puerta y que la rascara, o que saltara a una ventanita y se me tirara encima mientras estaba en pleno acto.

 

-¡Muy celoso! Y Javier, tu novio, ¿cómo se lleva con él?

– ¡Bien! Además Javi tiene dos gatos en su casa. Así que bueno, en “ese” momento, le dice: “A ver Toyito, porfa”, y lo saca. Él se encarga de cag… el momento. Si no es Isa es Toyo (risas).

 

-En tus redes lo subís permanentemente a las historias, ¿le abrirías una cuenta propia?

-No puedo ni con mis redes, ¿le voy a abrir a Toyo? Ni loca. ¡No puedo manejar nada más!

 

-Ahí contaste que Isa te está pidiendo un perrito para cuando se muden, ¿ya te convenció?

-Yo digo que no igual que mi mamá nos decía a nosotros. Amo a los animales. El tema es el ajetreo que tengo. Con mis hermanos le prometíamos a mis papás que nos íbamos a hacer cargo de ellos y después nada. Yo le explico a Isa que necesito que primero nos acomodemos en la nueva casa antes de tener un perro. Todo esto te lo digo y en enero vas a ver un perro ahí, acordate. Eso sí, Isa quiere adoptar, no comprar. Y yo también, como hicimos con Póker, que ya había pasado como por diez tránsitos. Trato de inculcarle que todos los perros son lindos.

 

-¿Qué pasó con Póker?

-Una señora de acá del edificio pasó. Autoproclamada presidenta del consorcio, que molesta a todos los vecinos. Póker se desesperaba cuando yo salía y como me iba todo el día, se la pasaba llorando. Llamé a un adiestrador pero no hubo manera. La administración me dijo que me iba a iniciar acciones legales. Por suerte apareció una mujer que tenía un cachorro y publicó en Facebook que quería otro para que se hicieran compañía. La fuimos a conocer y Póker feliz. Con todo el dolor de mi alma y más que nada el de Isa, lo tuvimos que dejar. Y no fue nuestro único perro. Antes tuvimos a Simón, que a los 7 años se enfermó. Isa era bebé. Él le enseñó a caminar. Era un Golden que me había regalado Iliana Calabró.

 

-¿Cómo es eso?

-Estábamos haciendo temporada en Mar del Plata con la obra “La familia con Iliana hace sonar la campana”. Yo estaba mal con una pareja que tenía. Fue antes de Isa. Iliana me dio la canasta con Simón adentro y me dijo: “Este macho nunca te va a traicionar ni mentir y te va a ser fiel toda la vida”. Lo agarré y dije: “No lo suelto más”. Y dicho y hecho. No lo solté más. Lo tengo tatuado en mi cintura. Era mi hijo.

 

Cuenta de Instagram: @danilachepi

 

 

 

 

 

 

 

 

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