Flor Freijo y Rita

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POR: Guadalupe Santomé Osuna

PH: Soledad Fernandez Arana

Florencia Freijo es politóloga y muy, pero muy observadora. Ella, con su amplia trayectoria en temas de género y derechos humanos, ha escrito varios libros para reestructurar el cerebro y cuestionar nuestras creencias. Sin embargo, su relación con los animales y la llegada de Rita la han llevado a otro plano: aprendió de ternura, de compañerismo y de cosas que se encuentran entre las páginas, un mundo de orejitas felices y siestas al sol donde, para el ojo perruno, todos somos iguales.

¿Cuál es el primer recuerdo que tenés de un animal en tu vida?

El primer recuerdo que tengo de un animal, es el de Manchitas, mí primera gatita. No recuerdo bien cómo llegó, pero sí que rápidamente usó de cama un cochecito que yo tenía para muñecas y dormía ahí. Fue una gata que vivió unos 17 años, ¡un montón! Eterna. Uno de los recuerdos más fuertes es cuando fue mamá. Presenciar el nacimiento de los gatitos, de su cansancio corporal, de lo que hacía para poder cuidarlos. Recuerdo que yo tendría 7 años, y salí desesperada porque dos de los cachorros se habían metido en un bidón de kerossene de mí abuelo. Salimos corriendo a la veterinaria.

¿Cómo llega Rita a tu vida?

Rita llegó por una jornada pública de adopción de la ciudad de Buenos Aires. Se hizo en Barrancas de Belgrano y yo venía de pasear en el barrio chino. Como había unos inflables grandes, con forma de perro y gato, mí hijo de ese entonces 5 años, me pidió que cruzáramos al parque. Accedí, y ahí nos enloquecimos con todos los perros que había. Por supuesto le aclaré que mamá viajaba mucho, y no podíamos hacernos cargo de un perro. A los cinco minutos estaba él, tirado al sol, sobre el lomo de Rita. Ambos tomando sol, y ella le lamía la carita. Fue imposible no llevarla a casa. Ellos se eligieron. Estaba lleno de perros -y con perdón de Rita- muchos más lindos que ella. Pero se vieron y se acercaron como si se hubieran reconocido. Al día de hoy Rita viaja con nosotros los veranos al mar, fue a la playa, tiene tías y tíos que la cuidan si yo viajo por trabajo, y es una consentida.

¿Cómo es su dinámica de familia?, teniendo en cuenta tus viajes por trabajo, el cole de tu hijo, paseos …

La dinámica es muy activa. Ella ama a los niños, entonces va los fines de semana a la plaza con nosotros, corre, ama viajar en auto abajo del asiento, horas y horas. No es inquieta para nada, es muy tranquila. Ella es una perra rescatada de una situación de violencia muy fea, entonces si le gritas se asusta mucho o no le gusta estar sola, quiere estar siempre al aire libre. Pero tratamos de cuidarla de perros que le quieren pegar o del griterío porque se estresa muchísimo, y procuramos dentro de las rutinas que son complejas, que tenga una vida al solcito.

¿Qué apodos raros tiene?

Rita GuitaRRITA (así le decimos siempre), peRRITA e Hija. Siempre le digo hija y la gente naturalmente piensa que estoy mal de la cabeza. No me importa, jaja.

¿Crees que la crianza con una mascota podría hacer que los niños sean más conscientes del cuidado del otro?

Estoy absolutamente de acuerdo con eso. Definitivamente el cuidar a una mascota, acerca a las infancias a la importancia de los cuidados, la responsabilidad y la necesidad de la ternura. Pero además está comprobado que las terapias con animales son buenas para el ejército de la empatía, el autocontrol y la relación con el entorno. Criarte con un animal nos reconecta de algo que perdemos rápidamente en este mundo que es entender que formamos parte de un entorno mucho más grande que la humanidad. Que somos interdependientes también de ellos,  y que la relación entre las especies debería poder ser otra.

¿Qué cosas hacen a Rita feminista?

¡Jajaja!, no diría que Rita es feminista. Lo que me gusta de ella es que ama jugar con perros y perras, y niños. Rara vez entra en conflicto, sólo si un perro más grande quiere alzarse. Y en general se molesta si invaden su espacio personal, en eso se parece a la mamá. Le gusta tirarse al sol por horas y siempre pienso que parece el perro meme Cheers por lo relajada que es.

¿Crees que hay algo que podemos cambiar como sociedad en cuanto al cuidado animal?

Como sociedad debemos entender que el cuidado animal tiene que ser un derecho y un tema de los Estados. Yo sé que es sensible decir esto,  porque no vivimos en un país que no tiene las necesidades básicas satisfechas, pero eso no significa que haya que nivelar para abajo. Un país que cuida a sus animales, con jornadas de adopción -que de hecho me permitió tener a Rita- con espacios de vacunación, castración, para que jueguen en las plazas, etc, es una sociedad que respeta la vida, que busca reconectar con la naturaleza y que educa en la cultura del respeto y la ternura. Personalmente busco que los Estados tengan como filosofía el respeto por la vida. Tengo mis contradicciones porque somos una sociedad en transición, y no puedo no linkearlo con las causas que persigue el veganismo/vegetarianismo. Se que no hay nada distinto entre un perro y una vaca, que son seres sintientes y que por supuesto hay algo biológico del orden de la cadena alimenticia que es innegable. Ese espacio en el medio es incómodo y difícil de modificar y aceptar, pero tengo la esperanza de que si el Estado se involucra con más ahínco en estos temas, podríamos generar una convivencia con el reino animal más armónica. Entender que un animal no es un accesorio que me tiene que quedar bien en una casa, por consiguiente buscar un «modelo» de animal, sin ningún tipo de escrúpulo, en criaderos de dudoso trato, está alejado de cualquier lógica que tenga que ver con el amor animal. Adoptar es un acto de comprensión y empatía maravilloso ¿qué mejor que eso para educar?

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