Chloé Bello, Petunia y Nelson

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Junto a Jack, el perro que compartía con Gustavo Cerati y que falleció recientemente, los perrhijos de la modelo conformaban su círculo más preciado. Además, cuenta cómo se arriesgó para mostrar el maltrato animal y qué medidas considera necesarias para generar conciencia del cuidado hacia los que no tienen voz. 

Por Paula Labonia

Fotos: Adri Montaldo Vera

 

-¿Siempre te gustaron los animales?

-Soy re bichera de toda la vida. Mi mamá (Nora Pprtela) tiene un montonazo de perros que rescata de la calle. Y de chica nos dejaba tener de todo: puercoespines, hurones, tarántulas… así que me crié con muchísimo animal alrededor. 

-En las redes te mostraste con una paloma…

-Sí, la rescató mi mamá. Y yo el otro día agarré un murciélago bebé en la calle que tenía un ala rota. Le di leche con un gotero, pero no sobrevivió. Si tuviese una casa con jardín tendría un montón de animales. 

-Y qué significa para vos haber crecido rodeada de ellos?

-Se lo valoro mucho a mamá porque es muy importante primero, para aprender a tenerles respeto. Siempre nos inculcó mucho eso. Ella es súper activista. A mí se me hacía más difícil porque viajaba mucho. Mamá me enseñó que los animales son para toda la vida. No como mucha gente que cuando se vuelven grandes ya no los quieren. 

 

-¿Tratás de transmitir desde tu lugar un compromiso hacia el cuidado y respeto animal?

-Dentro de lo que puedo sí. De hecho hace unos cinco años me fui a Tailandia, Bali y otra parte del Sudeste asiático y empecé a hacer un documental sobre todo el tema del mercado ilegal de carne de perro y de gato que hay en Asia. Es una cosa espantosa. No se puede creer. Los animales son maltratados, los torturan antes de comer porque tienen la creencia de que la carne sabe mejor si están expuestos a la adrenalina.

-¡Una experiencia muy fuerte! 

  • ¡Sí! Cuando me enteré de eso te juro que dejé de dormir. Ahí fue que dije que tenía que hacer algo. Yo estaba viviendo en Los Ángeles y me contacté con todas las protectoras que llevaban perros desde Tailandia a Estados Unidos para darlos en adopción. 

-¿Y lograste documentar todo?

-Fui con una cámara oculta y tratamos de meternos en los mercados pero era muy difícil. Se llaman “mercados húmedos” porque los venden vivos. Había hasta gallinas y murciélagos. De todo. Pude filmar en algunos restaurantes cómo cocinaban carne de perro a la parrilla. Todo muy intenso, muy heavy. Entrevisté a los activistas que rescataban ahí pero empezó la pandemia y lo tuve que cortar. 

-¿Cómo llegaron Petunia y Nelson a tu vida?

-Los dos fueron un regalo. A Petunia, que va a cumplir 8 años, me la regaló mamá para un cumpleaños. Yo estaba viviendo en Los Ángeles, bastante sola. Al principio dije: “Qué hago con un perro viajando tanto” y al final fue lo mejor que me pasó en la vida. Después yo estaba viviendo en Nueva York y como iba mucho a clases de actuación y estaba poco en mi casa, me empezó a dar muchísima pena que Petunia estuviera sola. Así que me regalaron a Nelson, un primo lejano de ella que me lo trajeron desde Argentina. 

-¿Son parecidos en el carácter y personalidad también?

  • ¡Son como el agua y el aceite! Muy distintos. Petunia es como si fuese una señora mayor, que nada la inmuta. Tipo Cleopatra. Muy personaje. Y Nelson es más chihuahua: ladra, quiere upa. Petunia odia que le hagan upa, es más antiperro. A ella la llevé desde Europa hasta Estados Unidos y África. Le encantan los aviones, los barcos, los helicópteros. Todo lo que tenga movimiento le fascina. Es muy diva. Muy Wanda Nara. 

-¿Y Nelson quién sería?

-Nelson sería un Napoleón. Está re loco, muerde a la gente, es muy chinchudo. Y Jack, mi otro perro, era un Gandhi. Porque tenía un corazón único. Como ya tenía 14 años no lo sumé a la producción, así se quedaba tranquilo. (N de la R: Jack falleció días después de las fotos para OhMyDog!)

-¿Cómo era la historia de Jack?

-Se lo habían regalado a Gustavo (Cerati) cuando tendría unos 3 o 4 meses. Ya estábamos viviendo casi juntos y compartimos un tiempo los tres. Era un pompón divino con ese parche en el ojo. Él siempre fue mi perro de cabecera pero lo crió mi mamá. Le doy todos los laureles a ella.

-¿Por qué se dio así?

-Porque a Gustavo le salió una gira y yo lo acompañé. Él me pidió si mamá lo podía cuidar y se lo llevamos con la idea de que fuera por un tiempo corto pero bueno, dado lo sucedido, se quedó con ella. 

 

-¿Y cómo era Jack?

-Tenía una luz que nunca vi en ningún otro animal. La acompañaba a mi mamá con chicos ciegos o con síndrome de down. Era un perro muy especial. No hay persona que no te lo diga. No era un perro normal. Gustavo era una persona muy mágica y no me cabe la menor duda de que algo de esa energía le quedó a él porque era como un perro tocado por la barita mágica. 

-¿Cuáles son tus próximos proyectos laborales?

-Me vine hace un año a trabajar a Buenos Aires. Volví al modelaje y quiero seguir con la actuación. Me divierte mucho. 

-Vos que viajaste tanto, ¿qué medida implementarías en la Argentina para fomentar el cuidado animal?

-En Bali había colegios estatales muy pobres y tenían un programa que llevaban peluches y les enseñaban el cuidado de los perros. Sería bárbaro que acá hubiese algo así. 

Instagram: @bellochloe

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